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JURIDICO. DAVID CONTRA GOLIAT, O COMO UN TRABAJADOR VENCE A SU CONVENIO 

Recientemente nuestra firma, ha obtenido sentencia del juzgado de lo social 23 de Madrid, por la cual, enfrentados a Air Europa, se declara cómo determinados artículos de su convenio no resultan aplicables al demandante por resultar discriminatorios y contrarios a derecho.

Los artículos en cuestión establecían diferentes requisitos en cuanto al tiempo de espera para ascenso, e incluso creaba unos niveles salariales específicos (y más bajos) para los que, antes eran denominados eventuales y posteriormente se habían incorporado como indefinidos a la plantilla, en algunos de los casos, tras más de 10 años en aquélla situación irregular.

Aún más reciente es la sentencia que esta letrada recibió en el día de ayer, del juzgado 17 de Madrid, de refuerzo, insistiendo en reconocer la misma pretensión frente a otros trabajadores.

Lamentablemente, en el derecho positivo español, para atacar a la negociación colectiva y a sus frutos, no cabe sino el cauce colectivo; es decir, son únicamente los sindicatos y otros representantes de los trabajadores, los que pueden pedir la nulidad de un convenio o hacer que no se aplique; si bien no es menos cierto que existen en nuestro ordenamiento una serie de derechos que, siendo indisponibles, tampoco la negociación colectiva puede ser puede erigirse en una herramienta que sirva para pervertir la ley.

El mecanismo que nuestro ordenamiento jurídico pone al alcance del trabajador para salvar el obstáculo de la inmovilidad –interesada o no- de sus representantes, no es otra que la de instar al juez de lo social, de forma individual, que ejerza de garante de la legalidad, función última de este, y así, en caso de que aprecie vulneración de derechos de algún tipo, o desigualdad en el trato, acordará la inaplicación de ese concreto artículo. Desde luego, esa inaplicación no será sino individual (es decir, no extrapolable a otras personas no parte en el proceso), y si bien no es la mejor de las situaciones, sí garantiza el pleno respeto tanto al poder de la negociación colectiva y los derechos representativos, como, lo que a mi modo de ver es más importante aún, que el individuo por sí mismo puede acudir a la justicia en cualquier caso porque, no nos olvidemos: por encima de un pacto (que es lo que en esencia un convenio colectivo, especialmente en el caso de convenios de empresa), se encuentra la ley, y por encima de ésta, estará siempre la a veces olvidada Constitución Española.

La lucha por lo tanto, desde una buena experiencia jurídica y un trabajo honesto y responsable siempre es posible: y casi siempre es exitosa.