Madrid Central: en tres meses baja un 25% el tráfico en Gran Vía


El pasado 30 de noviembre entró en funcionamiento el área de tráfico restringido Madrid Central. Vecinos y expertos aprueban la medida estrella de Manuela Carmena por sus efectos positivos sobre el tráfico y la contaminación, mientras los comerciantes piden permisos específicos para su actividad comercial. El Ayuntamiento destaca que el paso de vehículos por la Gran Vía (situada en el interior de Madrid Central) ha descendido un 25%, mientras que los autobuses de la EMT han crecido un 4,4%. El próximo 15 de marzo entran en vigor las multas, de 90 euros, para quienes accedan al área sin permiso.

“Desde el primer momento se ha demostrado que todas las teorías apocalípticas no tenían fundamento. Madrid Central está funcionando bastante bien”, explica Quique Villalobos, presidente de la FRAVM, que aglutina a la mayoría de asociaciones vecinales de la región. “Los vecinos están encantados, han colgado vídeos de calles que antes estaban llenas de coches y por las que ahora se puede cruzar con tranquilidad. Los autobuses han mejorado sus frecuencias, se ha reducido el nivel de ruido de las calles… En términos generales se está cumpliendo lo que se esperaba, una mejora para el funcionamiento de la ciudad”, añade. Villalobos critica que la Comunidad “ha hecho boicot” a la medida no reforzando el servicio de metro, que es su competencia.

Lo confirma Manuel Osuna, presidente de la asociación de vecinos La Corrala de Lavapiés: “Nosotros creemos que está funcionando bien, pero hace falta que se pongan en marcha las multas cuanto antes”, señala. En cuanto a los posibles problemas para bares o comercios, explica: “En Lavapiés no ha cerrado ningún bar ni ningún comercio por Madrid Central. Aquí el problema es la gentrificación, que está convirtiendo en bares todos los puestos del mercado de San Fernando”.

Los ecologistas destacan la mejora en la calidad del aire. “Para nosotros Madrid Central es muy importante porque demuestra que cuando quitas tráfico mejoras la calidad del aire”, explica Juan Bárcena, de Ecologistas en Acción. “La medida está funcionando mejor de lo que se esperaba porque se está respetando a pesar de que todavía no hay multas”. En este sentido, destaca que la estación de la plaza del Carmen, la única en el interior del área, está registrando “una reducción considerable de la contaminación” a pesar de las malas condiciones climatológicas. “Si esta medida se mantiene, podría ser la primera vez que esta estación no vulnere el valor límite anual”.

Una señal en el suelo informa sobre la entrada a Madrid Central.

Miguel Álvarez, experto en movilidad de Nación Rotonda, apunta otra idea: “En las calles más pequeñas de Malasaña [dentro de Madrid Central] se ha empezado a ver un uso distinto de la calle por parte de los peatones, que las están haciendo suyas y caminan por la calzada. Es lo que ocurre cuando pasan muy pocos coches”.

El Ayuntamiento constata que la medida “ha supuesto un trasvase del vehículo privado al transporte público”, ya que del 8 de enero al 27 de febrero se ha registrado un aumento de usuarios del 4,4% (2.796.900 viajes más). También ha habido mejoras en la regularidad de los autobuses, reduciendo los tiempos de espera en parada. La zona en la que más se nota el descenso del vehículo privado es Gran Vía, con una disminución del 25,88% en los días laborales. El efecto positivo de Madrid se ha notado también en el perímetro de la zona de bajas emisiones, donde el tráfico ha bajado un 3,79%, mientras que en la M-30 se redujo un 0,55%.

“El coche es el nuevo tabaco”

“Las restricciones al coche tienen un paralelismo con la ley del tabaco. El automóvil es el nuevo tabaco”, resume David Lois, experto en movilidad urbana, profesor de la UNED e investigador en el Centro de Investigación del Transporte de la Universidad Politécnica de Madrid. En su opinión, lo positivo de Madrid Central “es que se ha producido sin elementos de disuasión, porque todavía no se multa. Las personas han aceptado el nuevo escenario porque muchos piensan que es un elemento necesario y justo, y hay una mayor sensibilización hacia cuestiones de salud y medio ambiente”, dice. Además, “cientos de miles de personas hacen sus compras cada día en el centro, y se benefician de una mejor de calidad del aire y una mayor accesibilidad a pie, lo que impulsa la actividad económica, como demostró un informe de BBVA”.

Lois también destaca que Madrid Central es “una continuación de políticas de restricción del coche que hizo el PP” y que son políticas aceptadas por la población. Este tipo de políticas de disuasión no son únicas de Madrid, sino que se extienden por doquier en Europa: en Reino Unido, hay tasas de congestión en Londres (cinco veces el área de Madrid Central) donde se paga por acceder (unos 12 euros), que van directamente a mejorar las políticas de transporte.

Cámaras para controlar automáticamente el acceso a Madrid Central.

Coincide Adrián Fernández, portavoz de Movilidad de Greenpeace: “Me ha sorprendido el civismo de la gente, ha habido un respeto generalizado a la medida y no pensamos que la situación cambie, pero después de este amplio periodo de prueba y de amplias excepciones (colegios, comerciantes) quien sea multado no puede ser porque no se haya enterado, llevamos tres meses hablando de ello”. Fernández destaca que “los vaticinios de apocalipsis y de colapso no se han cumplido”, como tampoco la previsión de la Comunidad de Madrid de que los usuarios del metro aumentarían en 300.000 personas. “El colapso del metro se debe exclusivamente a la mala gestión del Gobierno regional”, dice.

La Plataforma de Afectados por Madrid Central agrupa las quejas por el funcionamiento de la medida. “En las reuniones con el Ayuntamiento hemos conseguido ya que los comerciantes del centro tengan 20 permisos de acceso mensuales, que los trabajadores con horario nocturno puedan acceder y crear una mesa de seguimiento de la medida”, señala su portavoz, Vicente Pizcueta. ¿Qué les falta por conseguir? “Que los comerciantes puedan aparcar en la zona SER y que los establecimientos de cultura y turismo (salas de concierto y hoteles) tengan autorizaciones especiales”.

FUENTE: EL PAÍS